Siempre he pensado que la música es una de las maneras más sanas, naturales y sinceras de expresarnos. Encuentro en las letras de canciones con una melodía particular algo especial que siempre transmite algo, ah pero sí yo escribo una canción, ni me pregunten para quién la escribí, por que los sentimientos nos dicen muchas cosas, pero en canción, son mucho más reales que lo que pudiéramos nosotros describir.
Cuando te identificas con una canción, no puedes mentir, sientes una conspiración a tu favor y/o contra, te sientes observado, idealizado e incluso alucinas historias de como podría existir una conexión verdadera entre esa rola y tu. ¡No pueden mentir!, siempre pasa. Hoy me he encontrado con una canción que no he podido parar de escuchar. Lo único que puedo pensar ahora acerca de esa melodía que además forma parte de el soundtrack de una película que ahora ansío por ver, es ¿por qué no dura más? es una canción muy corta... y yo con el alma en un hilo esperando seguir escuchando más palabras acompañadas con la melodía que ha conspirado en mi corazón ya que definitivamente se identifica conmigo. Así pasa, la música solo retrata un poquito de lo que en realidad quisiéramos decir, pero siempre deja abierta la posibilidad a que la imaginación haga de las suyas e idealicemos miles de historias, personas, recuerdos, emociones al momento de escucharla.
Esa melodía que me ha paralizado toda la tarde, al ser parte del soundtrack de una película me hace preguntarme. ¿Por qué las películas son así? ¿Se lo han preguntado? Todo sucede tan rápido. En un film de 90 minutos, los personajes se encuentran a si mismos, se pierden, tienen choques emocionales, altercados con seres queridos, reconciliaciones, pierden el amor, y lo recuperan para terminar con un bello final. ¡Las cosas no son así!, es más difícil todo en la vida real, aunque pierde sentido quejarnos de esto ya que es lo mágico del cine pero... ¡yo quiero! Quisiera que fuera una película, que mañana al despertar, voltearé al reloj y una canción increíble comenzará a sonar mientras se enreda alguna situación que iniciará con la película que voy a contar, que saldré de mi casa caminando, ajá, y me tropezaré, sin hacer alguna idiotez, con el amor de mi vida, el cuál desaparecerá los siguientes 20 minutos para que mientras vive su diario se de cuenta que en ese tropiezo se cruzó con la mirada que podría ser el amor de su vida, mientras yo recorro largas distancias buscando rastro de la mujer que robó mi corazón en un momento, ¡esta padre! ¿no?
Ya sin tantos rodeos, lo más divertido de esta anécdota es que la causante fue una canción que yo pondría en la película que contaría mi historia, pues me encantó, pero es que la música llena espacios inimaginables en nuestro corazón y nos lleva a lugares que tal vez no conocemos o ni siquiera recordábamos y sin importar la realidad en la que estamos, o la historia que queremos vivir, o los dilemas personales con los que diariamente luchamos esperando que de película se resuelvan durante el transcurso de hora y media, son mejores si te sumerges en algo que te identifica, como por ejemplo una canción como mi caso, o un libro, historia, artículo de internet, película, etc. y sin darte cuenta te abre los ojos a panoramas distintos, te invita a intentar alternativas que no habías pensado o te hacen olvidar todo y vuelves a creer.